Fenómeno
de El Niño: ¿Y si nos fijamos más en los bosques que en los embalses?
(Tomado
textual-Al final halla la fuente-Las fotografías son fuera del texto)
La
crisis del agua que vivió Bogotá en 2024 dejó una pregunta abierta: ¿cómo
garantizar el abastecimiento del líquido cuando hay fenómenos cada vez más
extremos? Parte de la respuesta podría estar en una estrategia que no comienza
en los embalses, sino en los bosques, páramos y ríos.
La
cuenca alta del río Bogotá es la segunda fuente de agua de la ciudad, esencial
para mantener el acceso al agua en el largo plazo./ Cristian Garavito - El
Espectador
La
cuenca alta del río Bogotá es la segunda fuente de agua de la ciudad, esencial
para mantener el acceso al agua en el largo plazo./ Cristian Garavito - El
Espectador
Con
la llegada del fenómeno de El Niño, una de las principales preocupaciones de
las autoridades es garantizar el suministro de agua. La reducción de las
lluvias, uno de los efectos más visibles de este evento, disminuye los caudales
de ríos y embalses que abastecen a millones de personas. Bogotá ya vivió esa
situación en 2024, cuando tuvo que implementar medidas de racionamiento.
Durante
un año, la capital colombiana vivió una crisis que dejó en evidencia la
fragilidad del sistema hídrico que abastece a más de 10 millones de personas y
puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer estrategias que obligaran a las
ciudades a trabajar con la naturaleza, para no depender únicamente de grandes
obras de infraestructura.
“La
relación de las ciudades con la naturaleza ha sido compleja. Cuando las
ciudades rompen totalmente su conexión con el paisaje que albergan y con la
naturaleza en general, empiezan a pasar unas cuentas de cobro, que es lo que
estamos viendo ahora”, dice Paula Rodríguez, especialista en ciudades, clima y
biodiversidad de WWF Colombia.
Por
esto, la respuesta a la escasez de agua, las inundaciones o el aumento de las
temperaturas no siempre están en más construcciones, sino en acciones que le
apuesten a proteger, restaurar y gestionar de manera sostenible ecosistemas
como bosques, páramos, humedales y ríos. Se les conoce como Soluciones Basadas
en la Naturaleza (SbN). En el caso de Bogotá, el Instituto de Recursos
Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), había propuesto algunas antes del
racionamiento de 2024.
En
agosto de 2023, el WRI y la Conservación Internacional Colombia, en
colaboración con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB),
publicaron un informe en el que explicaban cómo las inversiones en
infraestructura natural pueden generar importantes ahorros económicos para la
empresa de agua de Bogotá, pero también para diversificar las fuentes de
suministro para la capital, y reducir la necesidad de ampliar los embalses,
mejorando así la seguridad hídrica de la ciudad.
El
análisis se centró en el Sistema Norte, que aporta cerca del 25 % del agua de
la capital y municipios aledaños, y está asociado a la cuenca alta del río
Bogotá. Según el informe de WRI, este sistema es esencial para mantener el
acceso al agua en el largo plazo.
Aunque
el páramo de Chingaza es la principal fuente de agua de la capital, depender
exclusivamente de este sistema “plantea riesgos de seguridad hídrica para la
población urbana y también pone en peligro la integridad de los escasos
ecosistemas de páramo”, señala el informe. Por eso, dicen que la cuenca alta
del río Bogotá, cuya superficie es de aproximadamente 150.000 hectáreas, es un
lugar estratégico para invertir en la gestión del agua.
Allí,
el líquido es tratado por la planta Tibitoc, que tiene una capacidad máxima de
10,5 metros cúbicos por segundo. Antes del racionamiento, solamente tenía una
capacidad de 4,5 m3/seg, según Natasha Avendaño, gerente de la Empresa de
Acueducto y Alcantarillado de Bogotá.
El
agua captada en Tibitoc, dice el informe, es costosa de tratar debido a que
tiene una gran cantidad de sedimentos y contaminantes, como nitratos y amonio,
además de materia orgánica y manganeso. Estos sedimentos y contaminantes vienen
de tres fuentes, según WRI: prácticas insostenibles de gestión del uso de la
tierra en las zonas altas, vinculadas a un crecimiento industrial acelerado; la
expansión urbana al norte de Bogotá, principalmente en los municipios de
Cajicá, Chía, Tocancipá y Gachancipá; y la degradación de la cobertura del
suelo y el uso excesivo de insumos agrícolas como fertilizantes y pesticidas.
Frente
a ese panorama, el Instituto evaluó qué pasaría si, en lugar de responder
únicamente con más infraestructura gris, se invirtiera en la conservación y
restauración de los ecosistemas de la cuenca alta del río Bogotá. El análisis
concluyó que una inversión cercana a USD 5,3 millones en Soluciones Basadas en
la Naturaleza podría generar alrededor de USD 45 millones en ahorros durante 30
años para la EAAB.
Puntualmente,
sugieren invertir en sistemas silvopastoriles sostenibles y la restauración de
ecosistemas en 2.460 hectáreas (ha), que representan el 2 % de la cuenca alta
del río Bogotá.
Eso
incluye actividades de reforestación para integrar paisajes fragmentados y
aumentar la conectividad ecológica entre los remanentes naturales existentes,
lo que serviría para mejorar los flujos ecológicos (como el movimiento de
organismos y materia), preservando la biodiversidad y mejorando la retención de
sedimentos.
Otra
acción que proponían es restaurar la vegetación alrededor de los nacimientos de
agua con árboles y arbustos nativos que funcionarían como un filtro natural que
retiene sedimentos y sustancias contaminantes antes de que lleguen al agua.
Según el informe, además de mejorar su calidad, estas acciones ayudan a reducir
la erosión del suelo y a regular el flujo hídrico.
Entre
los USD 5.3 millones de inversión se incluirían todos los insumos (como
plántulas, plantaciones y fertilizantes), mano de obra, transporte, maquinaria
y equipo, y el apoyo técnico especializado necesario.
Como
resultado, esa inversión ayudaría a reducir, principalmente, los costos
energéticos derivados del tratamiento del agua en Tibitoc, que ascendieron a
unos $7,5 millones de dólares en 2020, se lee en el documento.
Paula
Rodríguez, de WWF y quien no hizo parte del informe, coincide en que integrar
la naturaleza con la infraestructura de las ciudades, “hace que puedan tener
ahorros significativos en el consumo de energía”. No solo aplica en grandes
ejemplos, en las casas o edificios, la naturaleza también tiene la capacidad de
reducir las temperaturas y así ahorrar la energía que consume el aire
acondicionado, por ejemplo.
“La
infraestructura natural puede complementar efectivamente la infraestructura
existente y, al mismo tiempo, generar innumerables beneficios tanto para el
hombre como para la naturaleza, desde el fomento de la biodiversidad y la
vitalidad de los ecosistemas hasta el fortalecimiento de la salud y el
bienestar de las comunidades”, mencionan los autores del informe.
Aunque
aún es pronto para medir el impacto de estas inversiones sobre la seguridad
hídrica de la ciudad, Bogotá enfrenta este nuevo episodio de El Niño con un
panorama distinto al de 2024. Según datos históricos de la EAAB, los niveles de
almacenamiento de agua en los embalses en lo corrido de 2026 son mejores,
especialmente en el Sistema Chingaza, que los registrados en 2024.
Además,
la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) dio a principios de
julio un balance positivo de los embalses del centro del país (incluidos los de
los sistemas Norte, Sur y Chingaza), luego de analizar su comportamiento
durante los últimos 30 días. Según la entidad, las lluvias registradas en junio
influyeron en la recuperación de estos lugares.
Sin
embargo, esas mismas autoridades han pedido no bajar la guardia ante la llegada
del fenómeno de El Niño, que, de acuerdo con las estimaciones del Ideam y
organismos internacionales como la Administración Nacional Oceánica y
Atmosférica (NOAA), podría ser el más fuerte registrado en décadas. La
probabilidad de que se trate de un fenómeno “muy fuerte” ya se encuentra en 81
%.
Fuente; El Espectador. (30 de julio de
2026). Fenómeno de El Niño: ¿Y si nos fijamos más en los bosques que en los
embalses? [Redacción BIBO]. https://www.elespectador.com/ambiente/bibo/fenomeno-de-el-nino-y-si-nos-fijamos-mas-en-los-bosques-que-en-los-embalses/







