sábado, agosto 08, 2026



Fenómeno de El Niño: ¿Y si nos fijamos más en los bosques que en los embalses?

(Tomado textual-Al final halla la fuente-Las fotografías son fuera del texto)

La crisis del agua que vivió Bogotá en 2024 dejó una pregunta abierta: ¿cómo garantizar el abastecimiento del líquido cuando hay fenómenos cada vez más extremos? Parte de la respuesta podría estar en una estrategia que no comienza en los embalses, sino en los bosques, páramos y ríos.

La cuenca alta del río Bogotá es la segunda fuente de agua de la ciudad, esencial para mantener el acceso al agua en el largo plazo./ Cristian Garavito - El Espectador

La cuenca alta del río Bogotá es la segunda fuente de agua de la ciudad, esencial para mantener el acceso al agua en el largo plazo./ Cristian Garavito - El Espectador

Con la llegada del fenómeno de El Niño, una de las principales preocupaciones de las autoridades es garantizar el suministro de agua. La reducción de las lluvias, uno de los efectos más visibles de este evento, disminuye los caudales de ríos y embalses que abastecen a millones de personas. Bogotá ya vivió esa situación en 2024, cuando tuvo que implementar medidas de racionamiento.

Durante un año, la capital colombiana vivió una crisis que dejó en evidencia la fragilidad del sistema hídrico que abastece a más de 10 millones de personas y puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer estrategias que obligaran a las ciudades a trabajar con la naturaleza, para no depender únicamente de grandes obras de infraestructura.

“La relación de las ciudades con la naturaleza ha sido compleja. Cuando las ciudades rompen totalmente su conexión con el paisaje que albergan y con la naturaleza en general, empiezan a pasar unas cuentas de cobro, que es lo que estamos viendo ahora”, dice Paula Rodríguez, especialista en ciudades, clima y biodiversidad de WWF Colombia.

Por esto, la respuesta a la escasez de agua, las inundaciones o el aumento de las temperaturas no siempre están en más construcciones, sino en acciones que le apuesten a proteger, restaurar y gestionar de manera sostenible ecosistemas como bosques, páramos, humedales y ríos. Se les conoce como Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN). En el caso de Bogotá, el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), había propuesto algunas antes del racionamiento de 2024.

En agosto de 2023, el WRI y la Conservación Internacional Colombia, en colaboración con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), publicaron un informe en el que explicaban cómo las inversiones en infraestructura natural pueden generar importantes ahorros económicos para la empresa de agua de Bogotá, pero también para diversificar las fuentes de suministro para la capital, y reducir la necesidad de ampliar los embalses, mejorando así la seguridad hídrica de la ciudad.

El análisis se centró en el Sistema Norte, que aporta cerca del 25 % del agua de la capital y municipios aledaños, y está asociado a la cuenca alta del río Bogotá. Según el informe de WRI, este sistema es esencial para mantener el acceso al agua en el largo plazo.

Aunque el páramo de Chingaza es la principal fuente de agua de la capital, depender exclusivamente de este sistema “plantea riesgos de seguridad hídrica para la población urbana y también pone en peligro la integridad de los escasos ecosistemas de páramo”, señala el informe. Por eso, dicen que la cuenca alta del río Bogotá, cuya superficie es de aproximadamente 150.000 hectáreas, es un lugar estratégico para invertir en la gestión del agua.

Allí, el líquido es tratado por la planta Tibitoc, que tiene una capacidad máxima de 10,5 metros cúbicos por segundo. Antes del racionamiento, solamente tenía una capacidad de 4,5 m3/seg, según Natasha Avendaño, gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá.

El agua captada en Tibitoc, dice el informe, es costosa de tratar debido a que tiene una gran cantidad de sedimentos y contaminantes, como nitratos y amonio, además de materia orgánica y manganeso. Estos sedimentos y contaminantes vienen de tres fuentes, según WRI: prácticas insostenibles de gestión del uso de la tierra en las zonas altas, vinculadas a un crecimiento industrial acelerado; la expansión urbana al norte de Bogotá, principalmente en los municipios de Cajicá, Chía, Tocancipá y Gachancipá; y la degradación de la cobertura del suelo y el uso excesivo de insumos agrícolas como fertilizantes y pesticidas.

Frente a ese panorama, el Instituto evaluó qué pasaría si, en lugar de responder únicamente con más infraestructura gris, se invirtiera en la conservación y restauración de los ecosistemas de la cuenca alta del río Bogotá. El análisis concluyó que una inversión cercana a USD 5,3 millones en Soluciones Basadas en la Naturaleza podría generar alrededor de USD 45 millones en ahorros durante 30 años para la EAAB.

Puntualmente, sugieren invertir en sistemas silvopastoriles sostenibles y la restauración de ecosistemas en 2.460 hectáreas (ha), que representan el 2 % de la cuenca alta del río Bogotá.

Eso incluye actividades de reforestación para integrar paisajes fragmentados y aumentar la conectividad ecológica entre los remanentes naturales existentes, lo que serviría para mejorar los flujos ecológicos (como el movimiento de organismos y materia), preservando la biodiversidad y mejorando la retención de sedimentos.

Otra acción que proponían es restaurar la vegetación alrededor de los nacimientos de agua con árboles y arbustos nativos que funcionarían como un filtro natural que retiene sedimentos y sustancias contaminantes antes de que lleguen al agua. Según el informe, además de mejorar su calidad, estas acciones ayudan a reducir la erosión del suelo y a regular el flujo hídrico.

Entre los USD 5.3 millones de inversión se incluirían todos los insumos (como plántulas, plantaciones y fertilizantes), mano de obra, transporte, maquinaria y equipo, y el apoyo técnico especializado necesario.

Como resultado, esa inversión ayudaría a reducir, principalmente, los costos energéticos derivados del tratamiento del agua en Tibitoc, que ascendieron a unos $7,5 millones de dólares en 2020, se lee en el documento.

Paula Rodríguez, de WWF y quien no hizo parte del informe, coincide en que integrar la naturaleza con la infraestructura de las ciudades, “hace que puedan tener ahorros significativos en el consumo de energía”. No solo aplica en grandes ejemplos, en las casas o edificios, la naturaleza también tiene la capacidad de reducir las temperaturas y así ahorrar la energía que consume el aire acondicionado, por ejemplo.

“La infraestructura natural puede complementar efectivamente la infraestructura existente y, al mismo tiempo, generar innumerables beneficios tanto para el hombre como para la naturaleza, desde el fomento de la biodiversidad y la vitalidad de los ecosistemas hasta el fortalecimiento de la salud y el bienestar de las comunidades”, mencionan los autores del informe.

La Alcaldía de Bogotá informó este año que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado invirtió COP 63.000 millones para el mantenimiento de predios estratégicos en cuencas, con acompañamiento de Conservation International. Además, afirman que entre 2024 y 2025 compraron 994,23 hectáreas en ecosistemas, un área equivalente a 28 estadios El Campín. Varios de estos predios están ubicados en la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, el Páramo de Sumapaz, el Parque Natural Chingaza, el Parque Ecológico de Montaña Entrenubes, y los Corredores Ecológicos de Ronda del río Tunjuelo, río Fucha y quebrada Chiguaza.

Aunque aún es pronto para medir el impacto de estas inversiones sobre la seguridad hídrica de la ciudad, Bogotá enfrenta este nuevo episodio de El Niño con un panorama distinto al de 2024. Según datos históricos de la EAAB, los niveles de almacenamiento de agua en los embalses en lo corrido de 2026 son mejores, especialmente en el Sistema Chingaza, que los registrados en 2024.

Además, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) dio a principios de julio un balance positivo de los embalses del centro del país (incluidos los de los sistemas Norte, Sur y Chingaza), luego de analizar su comportamiento durante los últimos 30 días. Según la entidad, las lluvias registradas en junio influyeron en la recuperación de estos lugares.

Sin embargo, esas mismas autoridades han pedido no bajar la guardia ante la llegada del fenómeno de El Niño, que, de acuerdo con las estimaciones del Ideam y organismos internacionales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), podría ser el más fuerte registrado en décadas. La probabilidad de que se trate de un fenómeno “muy fuerte” ya se encuentra en 81 %.

Fuente; El Espectador. (30 de julio de 2026). Fenómeno de El Niño: ¿Y si nos fijamos más en los bosques que en los embalses? [Redacción BIBO]. https://www.elespectador.com/ambiente/bibo/fenomeno-de-el-nino-y-si-nos-fijamos-mas-en-los-bosques-que-en-los-embalses/

 


jueves, agosto 06, 2026

Los ecosistemas: soportes de vida

Alvaro Hernando Cardona González


Mencionamos mucho el término ecosistema, pero seguramente muchos no tienen un concepto preciso del mismo. Así que nos hemos topado con un corto pero preciso artículo de Rowens Cristancho, para el blog de Proaves, del que tomamos lo esencial.

Un ecosistema, es un complejo dinámico que incluye seres vivos como animales, plantas, microorganismos y a los elementos no vivos, como el aire, el agua y el suelo. Todos estos funcionan juntos como una unidad interactiva. Los seres humanos, aunque somos parte de los ecosistemas, y por tanto dependemos de ellos para nuestra propia supervivencia, podemos afectarlos de manera positiva o negativa (es lo que conocemos como impactos ambientales).

Hay varios tipos de ecosistemas, pueden ir desde los muy prístinos como los bosques primarios hasta los modificados como las plantaciones agrícolas. Los ecosistemas pueden variar el tamaño desde pequeños hasta muy vastos, pero siempre funcionan como una unidad. Algunos ejemplos son los humedales, las praderas, los bosques templados, los bosques tropicales o los sistemas agrícolas. De ahí que también se conforman ecosistemas por acciones humanas, y un buen ejemplo de ello son los humedales del oriente de Neiva, que creados en su momento como abrevaderos para el ganado, terminaron impulsando una vegetación importante (biota vegetal) y detrás de ellos se varió la calidad del suelo (microorganismos) adyacente y atrajo animales (biota animal).

Los ecosistemas son cruciales para la humanidad porque proveen los bienes y servicios que necesitamos para mantener la vida. “Por ejemplo: los bosques nos proveen con alimentos, madera, plantas usadas en la medicina natural y también regulan el clima. Los ecosistemas costeros como los manglares proveen de fuentes de alimento y una defensa natural contra los fenómenos climáticos extremos como las inundaciones. Los ríos y lagos nos proveen de agua fresca para beber”.

Si los ecosistemas son tan importantes para el soporte de la vida, incluso la humana, es inexplicable que subestimemos cada vez más cómo protegerlos. Más cuando se ha justificado hasta la saciedad y con todo rigor científico, la importancia de los corredores biológicos.

Por eso, seguimos abogando por una seria política pública de baldíos en favor del ambiente natural, antes que hacer “reforma agraria”, y otra, probablemente más valerosa, sobre protección de áreas protegidas y estratégicas de conservación.

En el blog de Proaves, también se menciona lo siguiente: Todos los atributos que hacen que la vida en la tierra sea posible, son servicios ecosistémicos.

Debemos recordar que cuando mencionamos a los servicios ecosistémicos, se habla hablando de un concepto enfocado en el ser humano; no obstante, los ecosistemas son importantes en sí mismos y su valor no radica en el beneficio que brindan a los seres humanos (su saludo y su sobrevivencia misma); sino también a toda otra forma de vida sobre la Tierra.

Por otra parte, es importante señalar que usualmente se mencionan cinco principales grupos de servicios ecosistémicos:​

a) Servicios de abastecimiento: se refiere a todos estos productos que cosechamos, más o menos, directamente de la naturaleza, por ejemplo: los alimentos que obtenemos de plantas, animales y microorganismos incluyendo algunos como carne,  pescado, maíz, trigo, miel y frutas. También se incluyen la medicina natural, los recursos genéticos y bioquímicos que son importantes para la industria farmacéutica.

b) Servicios de regulación: son los beneficios obtenidos de la regulación de los procesos ecosistémicos, por ejemplo: la regulación de la calidad del aire y la fertilidad de los suelos, el control de las inundaciones y la polinización de los cultivos.  La regulación del clima a nivel global y local es un servicio regulatorio realmente importante.

c) Servicios de apoyo: proveen la estructura básica para sostener la vida en la tierra, son necesarios para la producción de todos los demás servicios ecosistémicos. La creación de nueva materia viviente, el oxígeno producido en la fotosíntesis y el reciclaje de nutrientes en el suelo, son algunos ejemplos de este tipo de servicios.



d) Servicios de abastecimiento: se refiere a todos estos productos que cosechamos, más o menos, directamente de la naturaleza, por ejemplo: los alimentos que obtenemos de plantas, animales y microorganismos incluyendo algunos como carne, pescado, maíz, trigo, miel y frutas. También se incluyen la medicina natural, los recursos genéticos y bioquímicos que son importantes para la industria farmacéutica.

e) Servicios de regulación: son los beneficios obtenidos de la regulación de los procesos ecosistémicos, por ejemplo: la regulación de la calidad del aire y la fertilidad de los suelos, el control de las inundaciones y la polinización de los cultivos.  La regulación del clima a nivel global y local es un servicio regulatorio realmente importante.

Las políticas públicas, por esto y más entonces deben estar desprovistas de cualquier asomo de hipocresía. La vida humana y digna, justifica la protección ambiental.